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Lección N° 19 “Tomadle vosotros, y crucificadle”

Sábado 13 de mayo de 2017


“Temeroso de perder su poder y autoridad, consintió Pilato en la muerte de Jesús. No obstante, puso su sangre sobre los acusadores, y la multitud la aceptó exclamando a voz en cuello: ‘Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos’. Sin embargo, Pilato no fue inocente, y resultó culpable de la sangre de Cristo. Por interés egoísta, por el deseo de ser honrado por los grandes de la tierra, entregó a la muerte a un inocente. Si Pilato hubiese obedecido a sus convicciones, nada hubiese tenido que ver con la condena de Jesús” (Primeros escritos, pág. 174).


Corona de espinas


¿Qué tenía puesto el Hijo de Dios cuando Pilato lo presentó ante la multitud junto al ladrón? ¿Qué testimonio positivo incluso dio sobre Él?


Juan 19:4, 5 Entonces Pilato salió otra vez, y les dijo: Mirad, os lo traigo fuera, para que entendáis que ningún delito hallo en él. 5Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!

Marcos 15:15, primera parte Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás.

“Pilato mandó entonces que se trajese a Barrabás al tribunal. Presentó luego los dos presos, uno al lado del otro, y señalando al Salvador dijo con voz de solemne súplica: ‘He aquí el hombre’. ‘Os le traigo fuera, para que entendáis que ningún crimen hallo en él’.

“Allí estaba el Hijo de Dios, llevando el manto de burla y la corona de espinas. Desnudo hasta la cintura, su espalda revelaba los largos y crueles azotes, de los cuales la sangre fluía copiosamente. Su rostro manchado de sangre llevaba las marcas del agotamiento y el dolor; pero nunca había parecido más hermoso que en ese momento. El semblante del Salvador no estaba desfigurado delante de sus enemigos. Cada rasgo expresaba bondad y resignación y la más tierna compasión por sus crueles verdugos. Su porte no expresaba debilidad cobarde, sino la fuerza y dignidad de la longanimidad. En sorprendente contraste, se destacaba el preso que estaba a su lado. Cada rasgo del semblante de Barrabás le proclamaba como el empedernido rufián que era. El contraste hablaba a toda persona que lo contemplaba. Algunos de los espectadores lloraban. Al mirar a Jesús, sus corazones se llenaron de simpatía. Aun los sacerdotes y príncipes estaban convencidos de que era todo lo que aseveraba ser” (DTG, 684).


Entregado en sus manos


¿Qué privilegio dio Pilato a los sacerdotes y oficiales para evitar ser responsable de la muerte del Salvador?


Juan 19:6 Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles, dieron voces, diciendo: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Pilato les dijo: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él.

“La paciencia del Salvador, que no exhalaba una queja, llenó a Pilato de asombro. No dudaba de que la vista de este hombre, en contraste con Barrabás, habría de mover a simpatía a los judíos. Pero no comprendía el odio fanático que sentían los sacerdotes hacia Aquel que, como luz del mundo, había hecho manifiestas sus tinieblas y error. Habían incitado a la turba a una furia loca, y nuevamente los sacerdotes, los príncipes y el pueblo elevaron aquel terrible clamor: ‘¡Crucifícale! ¡Crucifícale!’ Por fin, perdiendo toda paciencia con su crueldad irracional, Pilato exclamó desesperado: ‘Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él crimen’” (DTG, 685).


¿Qué acusación fue considerada suficiente para lograr la sentencia de muerte? ¿Qué sintió Pilato cuando escuchó que Jesús se había declarado a sí mismo Hijo de Dios?


Juan 19:7, 8 Los judíos le respondieron: Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios. 8Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo.

“El gobernador romano, aunque familiarizado con escenas de crueldad, se sentía movido de simpatía hacia el preso doliente que, condenado y azotado, con la frente ensangrentada y la espalda lacerada, seguía teniendo el porte de un rey sobre su trono. Pero los sacerdotes declararon: ‘Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios’.

“Pilato se sorprendió. No tenía idea correcta de Cristo y de su misión; pero tenía una fe vaga en Dios y en los seres superiores a la humanidad. El pensamiento que una vez antes cruzara por su mente cobró ahora una forma más definida. Se preguntó si no sería un ser divino el que estaba delante de él cubierto con el burlesco manto purpúreo y coronado de espinas” (DTG, 685).


El pecado más grande


¿Era consciente de que la autoridad que tenía en aquel tiempo no era su propiedad exclusiva sino con el propósito de justicia?


Juan 19:9-11 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dio respuesta. 10Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? 11Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.

“…El Salvador había hablado abiertamente a Pilato explicándole su misión como testigo de la verdad. Pilato había despreciado la luz. Había abusado del alto cargo de juez renunciando a sus principios y autoridad bajo las exigencias de la turba. Jesús no tenía ya más luz para él…

“‘El que a ti me ha entregado –dijo Jesús– mayor pecado tiene’. Con estas palabras, Cristo indicaba a Caifás, quien, como sumo sacerdote, representaba a la nación judía. Ellos conocían los principios que regían a las autoridades romanas. Habían tenido luz en las profecías que testificaban de Cristo y en sus propias enseñanzas y milagros. Los jueces judíos habían recibido pruebas inequívocas de la divinidad de Aquel a quien condenaban a muerte. Y según la luz que habían recibido, serían juzgados” (DTG, 685, 686).


Amenazando al gobernador


¿Cómo amenazaron los judíos a Pilato cuando vieron que aún deseaba poner en libertad a Jesús? Mientras acusaban a Pilato, ¿tenían un interés verdadero en César?


Juan 19:12-14 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone. 13Entonces Pilato, oyendo esto, llevó fuera a Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar llamado el Enlosado, y en hebreo Gabata. 14Era la preparación de la pascua, y como la hora sexta. Entonces dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro Rey!

“Así pretendían estos hipócritas ser celosos por la autoridad de César. De entre todos los que se oponían al gobierno romano, los judíos eran los más encarnizados. Cuando no había peligro en ello, eran los más tiránicos en imponer sus propias exigencias nacionales y religiosas; pero cuando deseaban realizar algún propósito cruel exaltaban el poder de César. A fin de lograr la destrucción de Cristo, profesaban ser leales al gobierno extranjero que odiaban.

“‘Cualquiera que se hace rey –continuaron– a César contradice’. Esto tocaba a Pilato en un punto débil. Era sospechoso para el gobierno romano, y sabía que un informe tal le arruinaría. Sabía que si estorbaba a los judíos, volverían su ira contra él. Nada descuidarían para lograr su venganza…

“Al escoger así a un gobernante pagano, la nación judía se retiraba de la teocracia. Rechazaba a Dios como su Rey. De ahí en adelante no tendría libertador. No tendría otro rey sino a César. A esto habían conducido al pueblo los sacerdotes y maestros. Eran responsables de esto y de los temibles resultados que siguieron. El pecado de una nación y su ruina se debieron a sus dirigentes religiosos” (DTG, 686, 687).


Finalidad detrás del juicio


¿Qué hizo Pilato cuando no pudo ver otra salida? ¿Es posible en algunas situaciones hacer un compromiso entre las circunstancias y la voz de la conciencia? ¿Qué consecuencias sufrió Pilato por sacrificar la verdad?


Mateo 27:24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros.

“Volviéndose a la multitud, declaró: Limpio estoy de su sangre, tomadle y crucificadle. Pero notad, sacerdotes y príncipes, que yo lo declaro justo. Y Aquel a quien él llama su Padre os juzgue a vosotros y no a mí por la obra de este día. Luego dijo a Jesús: Perdóname por este acto; no puedo salvarte. Y cuando le hubo hecho azotar otra vez, le entregó para ser crucificado.

“Pilato anhelaba librar a Jesús. Pero vio que no podría hacerlo y conservar su puesto y sus honores. Antes que perder su poder mundanal, prefirió sacrificar una vida inocente.

¡Cuántos, para escapar a la pérdida o al sufrimiento, sacrifican igualmente los buenos principios! La conciencia y el deber señalan un camino, y el interés propio señala otro. La corriente arrastra fuertemente en la mala dirección, y el que transige con el mal es precipitado a las densas tinieblas de la culpabilidad.

“Pilato cedió a las exigencias de la turba. Antes que arriesgarse a perder su puesto entregó a Jesús para que fuese crucificado, pero a pesar de sus precauciones aquello mismo que temía le aconteció después. Fue despojado de sus honores, fue derribado de su alto cargo y, atormentado por el remordimiento y el orgullo herido, poco después de la crucifixión se quitó la vida. Asimismo, todos los que transigen con el pecado no tendrán sino pesar y ruina” (DTG, 687).


Asumiendo la responsabilidad


Mientras Pilato procuraba de todos modos librarse de su responsabilidad, ¿qué terrible maldición estuvieron dispuestos los líderes y el pueblo judío a tomar sobre sí y sus descendientes? ¿Qué los indujo a desear tal condenación terrible sobre sí mismos y su nación?


Mateo 27:25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.

“Cuando Pilato se declaró inocente de la sangre de Cristo, Caifás contestó desafiante: ‘Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos…’

“Mirando al herido Cordero de Dios, los judíos habían clamado: ‘Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos’. Este espantoso clamor ascendió al trono de Dios. Esa sentencia, que pronunciaron sobre sí mismos, fue escrita en el cielo. Esa oración fue oída. La sangre del Hijo de Dios fue como una maldición perpetua sobre sus hijos y los hijos de sus hijos.

“Esto se cumplió en forma espantosa en la destrucción de Jerusalén y durante dieciocho siglos en la condición de la nación judía que fue como un sarmiento cortado de la vid, una rama muerta y estéril, destinada a ser juntada y quemada. ¡De país a país a través del mundo, de siglo a siglo, muertos, muertos en delitos y pecados!” (DTG, 688).


Preguntas de reflexión


• Si los judíos estuvieron tan errados en preferir a Barrabás antes que a Cristo, ¿hay una posibilidad que podamos cometer errores similares? ¿Cómo?

• Si el pueblo profeso de Dios hubiese pedido guía divina, ¿habrían hecho las elecciones que hicieron?

• ¿Qué naturaleza debe predominar en nosotros a fin de poder reconocer y aceptar al Hijo de Dios plenamente como nuestro Maestro y Salvador?

• ¿Qué se puede decir sobre aquella justicia humana que condenó al inocente y absolvió al culpable?


Para estudio adicional


“Así hicieron su elección los dirigentes judíos. Su decisión fue registrada en el libro que Juan vio en la mano de Aquel que se sienta en el trono, el libro que ningún hombre podía abrir. Con todo su carácter vindicativo aparecerá esta decisión delante de ellos el día en que este libro sea abierto por el León de la tribu de Judá.

“Los judíos abrigaban la idea de que eran los favoritos del cielo, y que siempre habían de ser exaltados como iglesia de Dios. Eran los hijos de Abrahán, declaraban, y tan firme les parecía el fundamento de su prosperidad, que desafiaban al cielo y a la tierra a que los desposeyeran de sus derechos. Sin embargo, mediante sus vidas de infidelidad, se estaban preparando para la condenación del cielo y su separación de Dios” (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 236).