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13. Creemos que Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo a este mundo para salvar a la humanidad... ...y aunque por doquier reinaba la corrupción y la rebeldía, ya había sido previsto un...
14. Creemos que sin la justicia de Jesucristo ningún ser humano mortal puede subsistir ante el Dios santo... ...El profeta Isaías se expresa del siguiente modo: “Si bien todos nosotros somos como...

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Lección N° 8 “La oración intercesora de Jesús por protección y gozo”

Sábado 25 de febrero de 2017


Por favor, léase la Solicitud de Ayuda para la Asamblea Mundial de la Asociación General


“Este capítulo contiene la oración intercesora que Cristo ofreció a su Padre antes de su juicio y crucifixión. Esta oración es un ejemplo de la intercesión que el Salvador seguiría realizando en el interior del velo, cuando su gran sacrificio en favor de los hombres, la ofrenda de sí mismo, habría sido cumplido. Nuestro Mediador dio a sus discípulos esta ilustración de su ministerio en el santuario celestial en favor de todos los que vendrán a Él con mansedumbre y humildad, limpios de todo egoísmo, y creyendo en su poder para salvar (Manuscrito 29, 1906; Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 5, pág. 1145).


Oración al Padre para ser glorificado


Cuando la hora de su pasión se acercaba, ¿qué oración ferviente dirigió Jesús a su Padre? ¿Qué quiso decir Jesús cuando pidió al Padre que le glorifique? ¿Cómo asumió Él la responsabilidad de la obra que el Padre le había encomendado?


Juan 17:1, 2, 4, 5 Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; 2como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste… 4Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

“Necesitamos estudiar las palabras que pronunció Cristo en la oración que ofreció precisamente antes de su juicio y crucifixión” (Mensajes selectos, tomo 1, pág. 231).

“En su oración intercesora, Jesús sostuvo ante su Padre que había cumplido las condiciones que obligan a Dios a cumplir su parte del pacto celebrado en el cielo respecto al hombre caído. Él oró: ‘He acabado la obra que me diste que hiciese. [Es decir, había formado un carácter justo en la tierra como ejemplo para que los hombres siguiesen.] Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese’. En esta oración Él continúa manifestando lo que se entiende por la obra que Él ha acabado, y la cual le ha entregado a todos los que creen en su nombre. Él valora esta recompensa tan altamente que olvida el sufrimiento que le ha costado redimir al hombre caído. Se declara a sí mismo glorificado en los que creen en él. La iglesia, en su nombre, debe llevar a gloriosa perfección la obra comenzada por él; y cuando esa iglesia se encuentre finalmente redimida en el Paraíso de Dios, verá el resultado del trabajo de su alma y será saciado. Durante toda la eternidad la hueste redimida será su gloria principal” (Spirit of Prophecy, tomo 3, págs. 260, 261; Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 5, pág. 1146).


Oración por los discípulos


De acuerdo a las palabras de Jesús, ¿cuál es el camino para obtener la vida eterna? ¿Estamos profundamente interesados en dicho conocimiento? ¿Habiéndoseles dado la manifestación del Padre y el Hijo, guardaron los discípulos su palabra?


Juan 17:3, 6 Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado… 6He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.

“En la oración que Cristo dirigió al Padre, dio al mundo una lección que debe ser grabada en la mente y el alma. ‘Esta empero es la vida eterna –dijo– que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado’. Esta es la verdadera educación. Imparte poder. El conocimiento experimental de Dios y de Cristo Jesús, a quien él ha enviado, transforma al hombre a la imagen de Dios. Le da dominio propio, sujetando cada impulso y pasión de la baja naturaleza al gobierno de las facultades superiores de la mente. Convierte a su poseedor en hijo de Dios y heredero del cielo. Lo pone en comunión con la mente del Infinito, y le abre los ricos tesoros del universo.

“Este es el conocimiento que se obtiene al escudriñar la Palabra de Dios. Y este tesoro puede ser encontrado por toda alma que desea dar todo lo que posee por obtenerlo” (Palabras de vida del gran Maestro, págs. 85, 86).


¿Cumplió Jesús su misión para que los discípulos pudiesen saber de dónde venía Él? ¿Cómo sabemos que su enseñanza era tan clara que sus seguidores podían creer plenamente que el Padre celestial había enviado a su Maestro?


Juan 17:7, 8 Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; 8porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

“Aquí está la labor puesta ante nosotros, ser representantes de Cristo, así como Él en nuestro mundo fue el representante del Padre. Debemos enseñar las palabras dadas a nosotros en las lecciones de Cristo. ‘Las palabras que me diste, las he dado’. Tenemos nuestra labor, y cada instructor de jóvenes de cualquier aptitud ha de recibir en un corazón bueno y honesto lo que Dios ha revelado y registrado en su santa palabra en las lecciones de Cristo, humildemente aceptar las palabras de vida. Estamos en el día de expiación antitípica, y no sólo hemos de humillar nuestros corazones ante Dios y confesar nuestros pecados sino que, mediante todo nuestro talento de enseñanza, hemos de procurar instruir a aquellos con quienes somos puestos en contacto, y llevarlos por precepto y ejemplo a conocer a Dios y a Jesucristo a quien Él ha enviado” (Fundamentals of Christian Education, pág. 272).

“En el mundo hay una gran obra que hacer, y cada uno de nosotros debería permitir que su luz brille sobre el sendero de los demás. Necesitamos valernos de los rayos divinos de la luz de Cristo. Necesitamos escudriñar las Escrituras y cavar profundo en las minas de la verdad; porque las joyas preciosas no siempre se encuentran en la superficie, deberíamos buscarlas como si procuráramos encontrar un tesoro escondido” (Signs of the Times, 8 de diciembre de 1890; Exaltad a Jesús, pág. 233).


Así como el sumo sacerdote oró una vez por el pueblo, ¿por quiénes oró Jesús en esta hora solemne? ¿Qué quiso decir cuando dijo que no rogó por el mundo, si en la cruz oró incluso por sus ejecutores?


Juan 17:9, 10 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, 10y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.

“Él no olvidará a su iglesia en el mundo de tentación. Contempla a su pueblo probado y sufriente, y ruega por ellos… Sí, contempla a su pueblo en este mundo, el cual es un mundo perseguidor, y todos contaminados y arruinados por la maldición, y [Él] sabe que ellos necesitan todos los recursos divinos de su simpatía y amor. Nuestro Precursor ha entrado por nosotros adentro del velo, y aun así, por la cadena dorada del amor y la verdad, está unido con su pueblo en estrecha simpatía.

“Él está haciendo intercesión por los más humildes, los más oprimidos y sufrientes, por los más probados y tentados. Con manos levantadas suplica, “En las palmas de las manos te tengo esculpida’. A Dios le place oír, y responde a las súplicas de su Hijo…” (Review and Herald, 15 de agosto de 1893; Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 7, pág. 948).


Oración por unidad y protección


Habiendo manifestado que la vida eterna proviene de conocer al Padre y al Hijo, ¿qué quiso decir Jesús cuando le pidió al Padre que guarde a los discípulos en su nombre? Como el verdadero Pastor, ¿qué hizo Jesús mientras estuvo en el mundo?


Juan 17:11, 12 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. 12Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

“Cristo había terminado la obra que se le había encomendado que hiciera. Había reunido a aquellos que habrían de continuar su obra entre los hombres. Y dijo: ‘He sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; pero éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, el que me has dado, para que ellos sean una cosa como lo somos nosotros’” (Los hechos de los apóstoles, pág. 20).

“Si nos acercamos a Dios, individualmente, entonces ¿no veis cuál será el resultado?

¿No podéis ver que nos acercaremos unos a otros? No podemos acercarnos a Dios, y venir a la misma cruz, sin que nuestro corazones se mezclen en perfecta unidad, respondiendo a la oración de Cristo ‘para que sean uno’ como Él es uno con el Padre. Y por lo tanto deberíamos procurar en espíritu, en entendimiento, en fe, que seamos uno, para que Dios sea glorificado en nosotros como es glorificado en el Hijo; y que Dios nos ame como ama al Hijo” (Manuscrito 7. 1890) Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 7, pág. 937).


Oración por gozo y protección


¿Qué otra petición hizo Jesús en favor de los discípulos, sabiendo que nadie más podría dárselo? ¿Qué quiso decir cuando dijo que los discípulos, así como Él, no eran del mundo?


Juan 17:13, 14; 15:18, 19 Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo… 15:18Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. 19Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.

“¿Por qué no somos conscientes de que nuestros pecados han sido perdonados? Porque somos incrédulos. No estamos poniendo en práctica las enseñanzas de Cristo ni estamos incorporando sus virtudes en nuestras vidas. Si se nos concedieran el gozo, la exaltación y la esperanza impartidos por el Señor Jesucristo, muchos de nosotros haríamos de ello objetos de estima propia y de orgullo. Cuando Jesús mora en el corazón por la fe, se ponen en práctica las lecciones que él dio. Tendremos un concepto tan excelso de Jesucristo que el yo será abatido. Nuestros afectos se concentrarán en Jesús y nuestros pensamientos se dirigirán firmemente hacia el cielo. Cristo aumentará y el yo disminuirá” (Cada día con Dios, pág. 259).

“Que vuestra influencia sea persuasiva, ligando las personas a vuestro corazón porque amáis a Jesús y ellas le pertenecen. Esta es una gran tarea. Si por vuestras acciones y palabras cristianas, hacéis impresiones que enciendan... hambre y sed de justicia y verdad, sois colaboradores con Cristo. Vuestras palabras y comportamiento representan a Jesús” (El ministerio médico, pág. 270).


Continuando en oración, ¿qué pidió Él por los discípulos? En nuestras oraciones, ¿cuán fervientemente pedimos por otros?


Juan 17:15, 16 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

“Cristo oró por sus discípulos, no para que sean quitados del mundo, sino para que sean guardados del mal, para que sean guardados de ceder a las tentaciones que encontrarían en todo lugar. Esta es una oración que debería ser ofrecida por cada padre y madre” (Fundamentals of Christian Education, pág. 153).

“Hay tareas que realizar y responsabilidades que llevar. No hay suficientes cristianos verdaderos en el mundo; la iglesia nos necesita; la sociedad no puede prescindir de ellos. La oración de Cristo en favor de sus discípulos fue así: ‘No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal’ (Juan 17:15). Jesús sabe que estamos en el mundo, expuestos a sus tentaciones, pero nos ama y nos impartirá su gracia para que triunfemos sobre sus influencias corruptoras. Él quiere que seamos perfectos de carácter para que ningún desvío nuestro ocasione deformidad moral en los demás” (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 312).


Preguntas de reflexión


• ¿Cómo podemos comprender a Jesús, estando bajo la sombra de la cruz, que estaba orando no por sí mismo sino por sus discípulos?

• Si estuviésemos a punto de hacer un sacrificio supremo tal, ¿oraríamos tan profunda y fervientemente por nuestros hermanos y hermanas?

• Considerando que la santificación y unidad fueron temas fundamentales de su oración, ¿cuán importantes deberían ser estos principios para nosotros?


Para estudio adicional


“Esta fue la última oración de Cristo con sus discípulos. Fue ofrecida precisamente antes de ir al Jardín del Getsemaní, donde debía ser traicionado y llevado. Cuando llegó al Getsemaní, cayó postrado en el suelo, en una agonía de angustia. ¿Qué causó su agonía? El peso de los pecados de todo el mundo descansaba sobre su alma. Cuando estudiemos esta oración, recordemos que fue exactamente antes de esta experiencia y precisamente antes de su traición y juicio, que estas palabras fueron pronunciadas” (Manuscrito 52, 1904) Seventh-day Adventist Bible Commentary, tomo 5, pág. 1145.

“El término mundo aquí [en Juan 17:9], como en otras partes, se refiere a los hombres malos, rebeldes y viciosos. El significado de esta expresión aquí parece ser este: Jesús está orando por sus discípulos y como una razón por la cual Dios debería bendecirlos, dice que ellos no son del mundo; que habían sido quitados del mundo; que pertenecían ahora a Dios. La petición no era ofrecida por los hombres malos, perversos y rebeldes, sino por los que eran amigos de Dios y estaban dispuestos a recibir sus favores. Este pasaje, entonces, no concluye nada sobre el asunto de si Cristo oró por los pecadores. Oró por sus discípulos, quienes no eran los que le odiaron y menospreciaron sus favores. Luego extendió la oración por todos los que se convertirían en cristianos (Juan 17:20). Cuando estuvo sobre la cruz, oró por los que le crucificaron y mataron (Lucas 23:34)” (Albert Barnes’ Notes, comentarios sobre Juan 17:9).