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Lección N° 6 “Pámpanos que llevan fruto”

Sábado 11 de febrero de 2017


“Jesús y los discípulos iban hacia Getsemaní, al pie del monte de las Olivas, lugar apartado que él había visitado con frecuencia para meditar y orar. El Salvador había estado explicando a sus discípulos la misión que le había traído al mundo y la relación espiritual que debían sostener con él. Ahora ilustró la lección. La luna resplandecía y le revelaba una floreciente vid. Llamando la atención delos discípulos a ella, la empleó como símbolo” (El Deseado de todas las gentes, pág. 628).


Símbolos preciosos


En el Antiguo Testamento, ¿Cómo es representado Israel como pueblo escogido por Dios? ¿A quién aplicó Jesús la vid como un símbolo?


Salmos 80:8 Hiciste venir una vid de Egipto; Echaste las naciones, y la plantaste.

Isaías 5:1, 7 Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil… 7Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor.

Juan 15:1, primera parte Yo soy la vid verdadera…

“‘Yo soy la Vid verdadera’. Los judíos habían considerado siempre la vid como la más noble de las plantas, y una figura de todo lo poderoso, excelente y fructífero. Israel había sido representado como una vid que Dios había plantado en la tierra prometida. Los judíos fundaban su esperanza de salvación en el hecho de estar relacionados con Israel. Pero Jesús dice: Yo soy la Vid verdadera. No penséis que por estar relacionados con Israel podéis llegar a participar de la vida de Dios y heredar su promesa. Por mí solamente se recibe la vida espiritual.

“‘Yo soy la Vid verdadera’, dijo. En vez de elegir la graciosa palmera, el sublime cedro o el fuerte roble, Jesús tomó la vid con sus zarcillos prensiles para representarse. La palmera, el cedro y el roble se sostienen solos. No necesitan apoyo. Pero la vid se aferra al enrejado, y así sube hacia el cielo. Así también Cristo en su humanidad dependía del poder divino. ‘No puedo yo de mí mismo hacer nada’, declaró” (El Deseado de todas las gentes, págs. 628, 629).


Si Jesús es la vid verdadera, ¿quién es el labrador? En la parábola, ¿a quiénes representan los pámpanos?


Juan 15:1, última parte, 5, primera parte …Y mi Padre es el labrador… 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos.

“‘Yo soy la Vid verdadera, y mi Padre es el labrador’. En las colinas de Palestina, nuestro Padre celestial había plantado su buena Vid, y él mismo era el que la cultivaba. Muchos eran atraídos por la hermosura de esta Vid, y declaraban su origen celestial…

“‘Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos’, dijo Cristo a sus discípulos. Aunque él estaba por ser arrebatado de entre ellos, su unión espiritual con él no había de cambiar. La unión del sarmiento con la vid, dijo, representa la relación que habéis de sostener conmigo. El pámpano está injertado en la vid viviente, y fibra tras fibra, vena tras vena, va creciendo en el tronco. La vida de la vid llega a ser la vida del pámpano. Así también el alma muerta en delitos y pecados recibe vida por su unión con Cristo. Por la fe en él como Salvador personal, se forma esa unión. El pecador une su debilidad a la fuerza de Cristo, su vacuidad a la plenitud de Cristo, su fragilidad a la perdurable potencia de Cristo. Entonces tiene el sentir de Cristo. La humanidad de Cristo ha tocado nuestra humanidad, y nuestra humanidad ha tocado la divinidad. Así, por la intervención del Espíritu Santo, el hombre viene a ser participante de la naturaleza divina. Es acepto en el Amado’” (El Deseado de todas las gentes, pág. 629).


La vid y los pámpanos


¿Qué significa espiritualmente ser los pámpanos? ¿Puede un pámpano llevar fruto o sobrevivir separado de la vid?


Juan 15:4, 5 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

“Esta unión con Cristo, una vez formada, debe ser mantenida. Cristo dijo: ‘Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí’. Este no es un contacto casual, ninguna unión que se realiza y se corta luego. El sarmiento llega a ser parte de la vid viviente. La comunicación de la vida, la fuerza y el carácter fructífero de la raíz a las ramas se verifica en forma constante y sin obstrucción. Separado de la vid, el sarmiento no puede vivir. Así tampoco, dijo Jesús, podéis vivir separados de mí. La vida que habéis recibido de mí puede conservarse únicamente por la comunión continua. Sin mí, no podéis vencer un solo pecado, ni resistir una sola tentación.

“‘Estad en mí, y yo en vosotros’. El estar en Cristo significa recibir constantemente de su Espíritu, una vida de entrega sin reservas a su servicio. El conducto de comunicación debe mantenerse continuamente abierto entre el hombre y su Dios. Como el sarmiento de la vid recibe constantemente la savia de la vid viviente, así hemos de aferrarnos a Jesús y recibir de él por la fe la fuerza y la perfección de su propio carácter.

“La raíz envía su nutrición por el sarmiento a la ramificación más lejana. Así comunica Cristo la corriente de su fuerza vital a todo creyente. Mientras el alma esté unida con Cristo, no hay peligro de que se marchite o decaiga” (El Deseado de todas las gentes, pág. 630).


La importancia de la conexión con la vid


¿Qué sucederá si un pámpano se separa de la vid? Si nuestra conexión permanece constante con Jesús, ¿qué sucederá a través de la oración?


Juan 15:6, 7 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. 7Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

“‘Mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará’. Aunque el injerto esté unido exteriormente con la vid, puede faltar la conexión vital. Entonces no habrá crecimiento ni frutos. Puede haber una relación aparente con Cristo, sin verdadera unión con él por la fe. El profesar la religión coloca a los hombres en la iglesia, pero el carácter y la conducta demuestran si están unidos con Cristo. Si no llevan fruto, son pámpanos falsos. Su separación de Cristo entraña una ruina tan completa como la representada por el sarmiento muerto. ‘El que en mí no estuviere –dijo Cristo– será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden’” (El Deseado de Todas Gentes, pág. 630).


El método de Dios para el aumento


¿Qué hace el Labrador con un pámpano que no produce fruto? ¿Qué hace Él con un pámpano que lleva fruto?


Juan 15:2, 3 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

“‘Todo pámpano... que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto’. De los doce escogidos que habían seguido a Jesús, uno estaba por ser sacado como rama seca, el resto iba a pasar bajo la podadera de la amarga prueba. Con solemne ternura, Jesús explicó el propósito del labrador. La poda causará dolor, pero es el Padre quien la realiza. Él no trabaja con mano despiadada y corazón indiferente. Hay ramas que se arrastran por el suelo; y tienen que ser separadas de los apoyos terrenales en que sus zarcillos se han enredado. Han de dirigirse hacia el cielo y hallar su apoyo en Dios. El follaje excesivo que desvía de la fruta la corriente vital, debe ser suprimido. El exceso de crecimiento debe ser cortado, para que puedan penetrar los sanadores rayos del Sol de justicia. El labrador poda lo que perjudica, a fin de que la fruta pueda ser más rica y abundante” (El Deseado de todas las gentes, pág. 631).


Pámpanos fructíferos


¿Cuál es la prueba del verdadero discipulado? ¿Quién recibirá la gloria cuando sus discípulos lleven buen fruto?


Juan 15:8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Filipenses 1:11 Llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.

“La vida de la vid se manifestará en el fragante fruto de los sarmientos. ‘El que está en mí –dijo Jesús– y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer’. Cuando vivamos por la fe en el Hijo de Dios, los frutos del Espíritu se verán en nuestra vida; no faltará uno solo” (El Deseado de todas las gentes, pág. 630).

“El cristiano fiel llevará mucho fruto; será un obrero; no andará sin rumbo perezosamente, sino que se pondrá la completa armadura para pelear las batallas del Señor. La obra esencial es someter los gustos, apetito, pasiones, propósitos, deseos, al gran estándar moral de justicia. La obra debe comenzar en el corazón. Debe ser pura, completamente sometida a la voluntad de Cristo, cualquier otra pasión dominante, o cualquier hábito o defecto, se convertirá en una fuerza para destruir. Dios no aceptará nada menos que todo el corazón” (Fundamentals of Christian Education, págs. 118, 119).


¿Cuál es el propósito del Señor cuando llama y pone personas? ¿Qué espera Él de cada iglesia y miembro del mundo?


Juan 15:16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.

“‘En esto es glorificado mi Padre –dijo Jesús– en que llevéis mucho fruto’. Dios desea manifestar por vosotros la santidad, la benevolencia, la compasión de su propio carácter. Sin embargo, el Salvador no invita a los discípulos a trabajar para llevar fruto. Les dice que permanezcan en él. ‘Si estuviereis en mí –dice él – y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho’. Por la Palabra es como Cristo mora en sus seguidores. Es la misma unión vital representada por comer su carne y beber su sangre. Las palabras de Cristo son espíritu y vida. Al recibirlas, recibís la vida de la vid. Vivís ‘con toda palabra que sale de la boca de Dios’ (Mateo 4:4). La vida de Cristo en vosotros produce los mismos frutos que en él. Viviendo en Cristo, adhiriéndoos a Cristo, sostenidos por Cristo, recibiendo alimento de Cristo, lleváis fruto según la semejanza de Cristo” (El Deseado de todas las gentes, pág. 631).


Preguntas de reflexión


• Espiritualmente hablando, ¿son los pámpanos que carecen de muchas virtudes los que llevan fruto?

• Por otro lado, ¿son sólo los que tienen dones especiales responsables de producir fruto?

• ¿Valoras el gran privilegio y misión de ser considerado un discípulo fructífero?

• ¿Cuándo podemos llegar a ser pámpanos fructíferos, como el Señor desea, para su iglesia?


Para estudio adicional


“No puede haber crecimiento o fructificación en la vida que se centraliza en el yo. Si habéis aceptado a Cristo como a vuestro Salvador personal, habéis de olvidar vuestro yo, y tratar de ayudar a otros. Hablad del amor de Cristo, de su bondad. Cumplid con todo deber que se presente. Llevad la carga de las almas sobre vuestro corazón, y por todos los medios que estén a vuestro alcance tratad de salvar a los perdidos. A medida que recibáis el Espíritu de Cristo –el espíritu de amor desinteresado y de trabajo por otros–, iréis creciendo y dando frutos. Las gracias del Espíritu madurarán en vuestro carácter. Se aumentará vuestra fe, vuestras convicciones se profundizarán, vuestro amor se perfeccionará. Reflejaréis más y más la semejanza de Cristo en todo lo que es puro, noble y bello” (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 47).