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Lección N° 4 “Os dará otro Consolador”

Sábado 28 de enero de 2017


“En toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la perspectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos y nos sentimos impotentes y solos, se envía el Consolador en respuesta a la oración de fe. Las circunstancias pueden separarnos de todo amigo terrenal, pero ninguna circunstancia ni distancia puede separarnos del Consolador celestial. Dondequiera que estemos, dondequiera que vayamos, está siempre a nuestra diestra para apoyarnos, sostenernos y animarnos” (El Deseado de todas las gentes, pág. 623).


La promesa


¿Qué promesa sumamente importante y reconfortante dio Jesús a sus discípulos antes de la gran prueba de la crucifixión? Pronto Él iba a regresar al Padre, pero ¿qué haría el otro Consolador?


Juan 14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.

“Antes de ofrecerse como víctima para el sacrificio, Cristo buscó el don más esencial y completo que pudiese otorgar a sus seguidores, un don que pusiese a su alcance los ilimitados recursos de la gracia…

“Antes de esto, el Espíritu había estado en el mundo; desde el mismo principio de la obra de redención había estado moviendo los corazones humanos. Pero mientras Cristo estaba en la tierra, los discípulos no habían deseado otro ayudador. Y antes de verse privados de su presencia no sentirían su necesidad del Espíritu, pero entonces vendría” (El Deseado de todas las gentes, pág. 622).

“Cuando Cristo dio a sus discípulos la promesa del Espíritu, se estaba acercando al fin de su ministerio terrenal. Estaba a la sombra de la cruz, con una comprensión plena de la carga de culpa que estaba por descansar sobre él como portador del pecado. Antes de ofrecerse a sí mismo como víctima destinada al sacrificio, instruyó a sus discípulos en cuanto a la dádiva más esencial y completa que iba a conceder a sus seguidores: el don que iba a poner al alcance de ellos los recursos inagotables de su gracia” (Los hechos de los apóstoles, pág. 39).


Con ellos y en ellos


En este contexto, ¿qué dijo Jesús acerca del Espíritu Santo? De acuerdo a sus palabras, ¿quiénes recibirán este don especial? ¿Cuán íntima sería la relación entre el Espíritu de verdad y los discípulos del Señor?


Juan 14:17 El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

“Cristo estaba por irse a su hogar celestial, pero aseguró a sus discípulos que enviaría al Consolador que habitaría con ellos para siempre. Todos pueden confiar implícitamente en la dirección de ese Consolador. Es el Espíritu de verdad; pero el mundo no puede ver ni recibir esa verdad…” (A fin de conocerle, pág. 171).

“El Consolador es llamado el ‘Espíritu de verdad’. Su obra consiste en definir y mantener la verdad. Primero mora en el corazón como el Espíritu de verdad, y así llega a ser el Consolador. Hay consuelo y paz en la verdad, pero no se puede hallar verdadera paz ni consuelo en la mentira. Por medio de falsas teorías y tradiciones es como Satanás obtiene su poder sobre la mente. Induciendo a los hombres a adoptar normas falsas, tuerce el carácter. Por medio de las Escrituras, el Espíritu Santo habla a la mente y graba la verdad en el corazón. Así expone el error, y lo expulsa del alma. Por el Espíritu de verdad, obrando por la Palabra de Dios, es como Cristo subyuga a sí mismo a sus escogidos” (El Deseado de todas las gentes, pág. 624).


Enseñando y trayendo a la memoria


La enseñanza del Consolador ¿sería restringida o limitada? ¿Qué traerá a nuestra memoria?


Juan 14:26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

“Los discípulos no comprendían todavía las palabras de Cristo en su sentido espiritual, y él volvió a explicarles su significado. Por el Espíritu, dijo, se manifestaría a ellos. ‘El Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas’. Ya no diréis: No puedo comprender. Ya no veréis obscuramente como por un espejo. Podréis ‘comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento’.

“Los discípulos habían de dar testimonio de la vida y obra de Cristo. Por sus palabras él había de hablar a todos los pueblos sobre la haz de la tierra. Pero en la humillación y muerte de Cristo iban a sufrir gran prueba y chasco. A fin de que después de esto la palabra de ellos fuese exacta, Jesús prometió respecto al Consolador: ‘Os recordará todas las cosas que os he dicho’” (El Deseado de todas las gentes, págs. 623, 624).


¿Estaban los discípulos en condición de entender todo lo que el Maestro deseaba enseñarles? Por lo tanto, ¿qué considerable labor haría el Espíritu Santo en el momento apropiado?


Juan 16:12, 13 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

“Jesús había abierto delante de sus discípulos una vasta extensión de la verdad. Pero les era muy difícil impedir que en sus mentes se mezclaran sus lecciones con las tradiciones y máximas de los escribas y fariseos. Habían aprendido a aceptar las enseñanzas de los rabinos como voz de Dios, y esto dominaba todavía sus mentes y amoldaba sus sentimientos. Las ideas terrenales y las cosas temporales ocupaban todavía mucho lugar en sus pensamientos. No comprendían la naturaleza espiritual del reino de Cristo, aunque él se la había explicado tantas veces. Sus mentes se habían confundido. No comprendían el valor de las Escrituras que Cristo presentaba. Muchas de sus lecciones parecían no hallar cabida en sus mentes. Jesús vio que no comprendían el verdadero significado de sus palabras. Compasivamente, les prometió que el Espíritu Santo les recordaría esos dichos. Y había dejado sin decir muchas cosas que no podían ser comprendidas por los discípulos. Estas también les serían reveladas por el Espíritu. El Espíritu había de vivificar su entendimiento, a fin de que pudiesen apreciar las cosas celestiales. ‘Cuando viniere aquel Espíritu de verdad –dijo Jesús,– él os guiará a toda verdad’” (El Deseado de todas las gentes, pág. 624).


Inspiración para testificar de Jesús


¿Qué otra misión llevaría a cabo el Espíritu Santo en el nombre de Jesús?


Juan 16:14; 15:26 Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber… 15:26Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

“Acerca del Espíritu dijo Jesús: ‘El me glorificará’. El Salvador vino para glorificar al Padre demostrando su amor; así el Espíritu iba a glorificar a Cristo revelando su gracia al mundo. La misma imagen de Dios se ha de reproducir en la humanidad. El honor de Dios, el honor de Cristo, están comprometidos en la perfección del carácter de su pueblo” (El Deseado de todas las gentes, pág. 625).

“El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal” (El evangelismo, pág. 446).


Cambio y regeneración


¿Qué obra profunda y poderosa es necesaria para convencer a las personas de pecado y darles el deseo y poder de ser transformados?


Juan 16:8-11 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 9De pecado, por cuanto no creen en mí; 10de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

“‘Cuando él [el Espíritu de verdad] viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio’. La predicación de la palabra sería inútil sin la continua presencia y ayuda del Espíritu Santo. Este es el único maestro eficaz de la verdad divina. Únicamente cuando la verdad vaya al corazón acompañada por el Espíritu vivificará la conciencia o transformará la vida. Uno podría presentar la letra de la Palabra de Dios, estar familiarizado con todos sus mandamientos y promesas; pero a menos que el Espíritu Santo grabe la verdad, ninguna alma caerá sobre la Roca y será quebrantada. Ningún grado de educación ni ventaja alguna, por grande que sea, puede hacer de uno un conducto de luz sin la cooperación del Espíritu de Dios. La siembra de la semilla del Evangelio no tendrá éxito a menos que esa semilla sea vivificada por el rocío del cielo. Antes que un solo libro del Nuevo Testamento fuese escrito, antes que se hubiese predicado un sermón evangélico después de la ascensión de Cristo, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles que oraban. Entonces el testimonio de sus enemigos fue: ‘Habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina’” (El Deseado de todas las gentes, pág. 625).


Promesa y obediencia


La gran promesa del Espíritu Santo dada por el Señor ¿fue limitada sólo para los discípulos del primer siglo? ¿A quiénes ha dado este don especial?


Hechos 2:39; 5:32 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare... 5:32Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

“Cristo prometió el don del Espíritu Santo a su iglesia, y la promesa nos pertenece a nosotros tanto como a los primeros discípulos. Pero como toda otra promesa, nos es dada bajo condiciones. Hay muchos que creen y profesan aferrarse a la promesa del Señor; hablan acerca de Cristo y acerca del Espíritu Santo, y sin embargo no reciben beneficio alguno. No entregan su alma para que sea guiada y regida por los agentes divinos. No podemos emplear al Espíritu Santo. El Espíritu ha de emplearnos a nosotros. Por el Espíritu obra Dios en su pueblo ‘así el querer como el hacer, por su buena voluntad’. Pero muchos no quieren someterse a eso. Quieren manejarse a sí mismos. Esta es la razón por la cual no reciben el don celestial. Únicamente a aquellos que esperan humildemente en Dios, que velan para tener su dirección y gracia, se da el Espíritu. El poder de Dios aguarda que ellos lo pidan y lo reciban. Esta bendición prometida, reclamada por la fe, trae todas las demás bendiciones en su estela. Se da según las riquezas de la gracia de Cristo, y él está listo para proporcionarla a toda alma según su capacidad para recibirla” (El Deseado de todas las gentes, pág. 626).

“Dejemos de mirarnos a nosotros mismos, y miremos hacia Él, de quien provienen todas las virtudes. Nadie puede mejorarse a sí mismo, sino que hemos de acudir a Jesús como somos, deseando fervientemente ser limpiados de toda mancha y suciedad de pecado, y recibir el don del Espíritu Santo. Por medio de la fe viviente debemos asirnos de su promesa…” (Reflejemos a Jesús, pág. 205).


Preguntas de reflexión


• ¿Qué condiciones espirituales predominaron en la iglesia primitiva cuando el Señor concedió el don del Espíritu?

• ¿Qué maravillosos efectos siguieron al descenso del Espíritu en la predicación del mensaje?

• ¿Cuál es el propósito divino de dar el Espíritu de verdad a su pueblo hoy?


Para estudio adicional


El Deseado de todas las gentes, págs. 668-672.

“Cristo determinó que cuando Él ascendiera de esta tierra impartiría un don sobre aquellos que habían creído en Él y aquellos que iban a creer en Él. ¿Qué don podría impartir que fuera lo suficientemente rico para distinguir y adornar su ascensión al trono mediador? Debería ser digno de su grandeza y realeza. Determinó dar su representante, la tercera persona de la divinidad. Este don no podría ser superado. Él daría todos los dones en uno, y por lo tanto el Espíritu divino, ese poder convertidor, iluminador, y santificador, sería su donación” (My Life Today, pág. 36).

“Hay quienes se han preguntado, ¿qué debo hacer para recibir el Espíritu Santo? Pídele a Dios que examine tu alma como bajo la luz de un candil. No hagas nada por satisfacción egoísta... Supongamos que los profesos seguidores de Cristo son sus representantes en la tierra. ¿Acaso no verían esto los mundanos y tomarían conocimiento de lo que habrían aprendido de Jesús? ¿No sería esto un poder? Queremos la religión de Cristo. Pero ella debe manifestar los frutos del amor, el gozo y la paz” (El Cristo triunfante, pág. 302).