Mientras la iglesia de Dios permanezca en este mundo de tinieblas para luchar contra toda clase de falsas doctrinas, tendremos la necesidad de disponer de credos bien definidos, de manera que sepamos con seguridad qué creer y qué predicar como verdad presente. Esta es la razón por la que, siglo tras siglo y apostasía tras apostasía, los hijos de Dios hemos tenido que establecer principios doctrinales, basados completamente en las Sagradas Escrituras, La Biblia, que nos identifican ante el mundo como tales.

Cuando por la gracia de Dios, el Movimiento de Reforma, Sociedad Misionera Internacional, surgió como remanente, de acuerdo a la profecía y a las exigencias de la apostasía reinante entre el pueblo adventista durante la primera guerra mundial, se hizo necesaria la recuperación y exaltación de esos Principios Bíblicos de Fe, que distinguen al pueblo de Dios del tiempo del fin. Por lo tanto, en la Conferencia General de 1925, en Alemania, y bajo la dirección del Altísimo, fueron aprobados los siguientes 37 principios de fe. Es nuestro sincero deseo que estos principios sean la línea directiva de cada corazón que ama a Jesús como su Salvador personal y nos permitan alcanzar la unidad en la fe como es la voluntad de Dios.

¿Qué creemos?

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.

Jesús vino a este mundo oscurecido por el pecado para revelar el carácter de Dios, ser nuestro Sustituto, Garante y Salvador, triunfar sobre el mal y otorgar a sus discípulos el don del Espíritu Santo. El testimonio escrito acerca de su vida, desde su bautismo hasta su muerte, es que por doquiera que andaba hacía el bien, atendiendo a las necesidades físicas y espirituales de la humanidad.

Su vida fue un ejemplo para todos sus discípulos hasta el fin del tiempo. Vivió lo que enseñó, y los doce a quienes ordenó para dirigir se dieron cuenta, y también nosotros debemos darnos cuenta, que el poder divino sólo proviene de una estrecha conexión con Dios.